Inteligencia Artificial: cultura y subjetividad en disputa

Por tvtotalChile 06.01.2026 Tiempo de lectura: 5 min
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La tecnología avanza; la responsabilidad de pensarla sigue siendo nuestra.

Inteligencia Artificial y Cultura

La Inteligencia Artificial ya no es un tema de laboratorio ni una promesa futurista. Está aquí, incrustada en la vida cotidiana, mediando lo que vemos, lo que escuchamos, lo que leemos y, en buena medida, lo que pensamos. En ese tránsito silencioso, la IA no solo optimiza procesos o automatiza tareas: está reconfigurando la cultura y tensionando la subjetividad contemporánea.

Durante siglos, la cultura fue el resultado de una conversación humana: lenta, contradictoria, atravesada por contextos históricos, conflictos sociales y experiencias individuales. Hoy, esa conversación comparte espacio con sistemas algorítmicos capaces de producir textos, imágenes, música y discursos en segundos. El problema no es que la IA cree, sino desde dónde lo hace: aprende de grandes volúmenes de datos del pasado y los reproduce bajo lógicas de eficiencia, predicción y rentabilidad. En otras palabras, amplifica lo que ya existe.

Mucho contenido, poca diferencia

Aquí emerge una primera tensión cultural. Si la cultura es, en esencia, ruptura, experimentación y desviación de la norma, ¿qué ocurre cuando gran parte de los contenidos son sugeridos, filtrados o directamente generados por sistemas que privilegian patrones exitosos y comportamientos predecibles? El riesgo no es la pérdida de creatividad, sino su homogeneización. Mucho contenido, poca diferencia.

La subjetividad tampoco sale ilesa. Algoritmos de recomendación definen gustos, refuerzan identidades, confirman creencias y reducen la exposición a lo distinto. La IA no impone una ideología de manera explícita, pero sí modela climas culturales: decide qué se vuelve visible y qué queda fuera del encuadre. En ese escenario, el sujeto corre el riesgo de convertirse en un perfil, una estadística optimizable, más que en una conciencia crítica en construcción.

Desde América Latina —y desde Chile en particular— esta discusión no es menor. Consumimos tecnologías diseñadas en otros contextos culturales, con valores, prioridades y sesgos que no siempre dialogan con nuestras realidades. La pregunta no es solo tecnológica, sino política y cultural: ¿quién diseña los algoritmos?, ¿qué narrativas refuerzan?, ¿qué voces quedan marginadas?

Un instrumento y no un sustituto

Pero reducir la IA a una amenaza sería un error. También puede ser una herramienta poderosa para democratizar el acceso al conocimiento, amplificar expresiones culturales periféricas y abrir nuevos lenguajes artísticos. Todo depende del marco ético, cultural y social en el que se inscriba su uso.

La clave está en no delegar completamente la mediación cultural a la tecnología. La IA debe ser un instrumento, no un sustituto del pensamiento crítico ni de la experiencia humana. La cultura necesita fricción, duda y conflicto; la subjetividad, tiempo y reflexión. Ninguna de esas dimensiones puede ser plenamente automatizada.