TELEVISIÓN

El noticiero que revolucionó la televisión infantil

Por tvtotalchile · 27 Marzo 2026 · 4 min lectura

foto

A comienzos de los años 2000, la televisión infantil latinoamericana parecía moverse en fórmulas repetidas: contenidos didácticos, personajes planos y una clara división entre lo que era “para niños” y lo que era “para adultos”. En ese contexto, emergió una propuesta que rompió todos los esquemas: 31 minutos, un falso noticiero protagonizado por marionetas que terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural.

Los creadores del proyecto

Detrás del proyecto estaban Álvaro Díaz y Pedro Peirano, quienes ya habían explorado un humor más ácido e irreverente en el recordado programa de televisión Plan Z (Canal 2 Rock & Pop). Su apuesta fue arriesgada: crear un programa infantil que no subestimara a su audiencia y que incorporara una narrativa sofisticada, cargada de ironía y crítica social.

El resultado fue un noticiero tan absurdo como brillante. Conducido por el egocéntrico Tulio Triviño, el programa presentaba reportajes ridículos, entrevistas improbables y situaciones que parodiaban tanto a la televisión como a la sociedad. El humor no solo hacía reír a los niños, sino que también ofrecía múltiples lecturas para los adultos, transformando la experiencia en algo transversal.

foto

Un producto no convencional

El programa fue producido por Aplaplac y estrenado en 2003 por Televisión Nacional de Chile. Desde su primera temporada, quedó claro que no se trataba de un producto convencional. La estética artesanal de las marionetas, sumada a un guion inteligente y a una edición dinámica, construyó una identidad única que rápidamente captó la atención del público.

Uno de los pilares fundamentales del éxito de 31 minutos fue su música. Lejos de ser simples interludios, las canciones se convirtieron en verdaderos hitos culturales. Compuestas en gran parte por Pablo Ilabaca junto a Díaz, estas piezas combinaron humor, crítica y calidad sonora. Temas como “Mi muñeca me habló” o “Tangananica Tangananá” trascendieron la pantalla, siendo coreados por distintas generaciones y consolidando al programa como un referente musical además de televisivo.

foto

Reflexión indirecta y libertad creativa

Pero más allá de su formato innovador y su éxito inmediato, 31 minutos logró algo poco común: instalar una nueva forma de entender el contenido infantil. En lugar de imponer moralejas evidentes, optó por el absurdo, la reflexión indirecta y la libertad creativa. En un medio donde muchas veces prima la simplificación, el programa apostó por la complejidad sin perder cercanía.

Con el paso del tiempo, su impacto se ha mantenido vigente. Nuevas generaciones descubren sus episodios, mientras que sus creadores han expandido el universo del programa a teatros, discos y plataformas digitales. La permanencia de 31 minutos no es casual: responde a una propuesta sólida que logró equilibrar entretenimiento, inteligencia y una identidad profundamente latinoamericana.

foto

A más de dos décadas de su estreno, 31 minutos no solo sigue siendo un programa exitoso, sino que también marcó un punto de inflexión en la televisión chilena: un proyecto que, desde la ironía y el humor, demostró que la creatividad puede transformar incluso los formatos más tradicionales.